El Parque Nacional de Timanfaya no se asemeja a nada que se haya podido ver antes. Un paisaje volcánico, casi lunar, sorprende a quienes aterrizan en la isla de Lanzarote, en el archipiélago canario. De fondo, el azul intenso del océano contrasta con la aridez de decenas de kilómetros cuadrados cubiertos por lava solidificada. La paz es imperturbable. La belleza del entorno, indescriptible.
La única forma de llegar a Lanzarote es o en barco o en avión. Al tratarse de un conocido destino turístico, las conexiones aéreas suelen ser frecuentes, tanto con el resto de España como con otras zonas de Europa. Una vez en la isla, los visitantes quedarán sobrecogidos por un paisaje en el que los volcanes son los protagonistas, salpicado por pequeños pueblos de casas blancas y altas palmeras tropicales.
Para llegar al Parque Nacional de Timanfaya hay que dirigirse hacia el municipio de Yaiza. Una vez allí, las indicaciones hasta llegar al propio parque son frecuentes, por lo que no hay riesgo de pérdida. Durante el recorrido es habitual ver a otros turistas detenidos, asombrados ante una belleza tan inusual, tomando fotografías y disfrutando del agradable clima isleño.
Una vez dentro del Parque Nacional de Timanfaya habrá que dejar el coche en el aparcamiento principal. Junto a éste hay un restaurante en el que se puede degustar un apetitoso almuerzo, cocinado en un grill natural que usa el propio calor que desprende la tierra. Porque lo cierto es que, a pesar de que las últimas erupciones tuvieron lugar en el año 1824, aún a día de hoy existe actividad volcánica. De hecho, en algunas zonas la temperatura puede llegar a alcanzar los 100-120ºC y 600ºC a tan solo 13 metros de profundidad. Para dejar constancia de este hecho, los trabajadores del Parque Nacional de Timanfaya muestran a los turistas cómo un cubo de agua vertido sobre un pequeño agujero se convierte, de forma instantánea, en un géiser de gran altura.
Para conocer más acerca de Timanfaya, los turistas pueden tomar alguno de los autobuses que parten desde el mismo aparcamiento, realizando un recorrido por el interior del parque durante el cual una cinta de audio les irá explicando la singular historia de este desierto volcánico. Son varios los momentos, a lo largo del trayecto, en los que es imposible no sobrecogerse ante tanta soledad, ante la visión de un cráter o ante la magia de una planta que crece entre rocas y lava.
Se trata, sin duda, de una visita obligada para todos aquellos que viajen a Lanzarote. Un paraíso único que puede ser completado con una visita a las cercanas Salinas de Janubio o a la Laguna de los Clicos.

